Islandia, el país que
dijo no a la divisa neoliberal de privatizar las ganancias y socializar las pérdidas,
depositará el sábado su confianza en el Partido Progresista o el Partido de la
Independencia, miembros de la coalición de centro derecha que hace cinco años
llevó al país al borde del colapso.
Si se cumple el vaticinio unánime de las
encuestas, los socialdemócratas, con una mayoría legislativa absoluta de 34
sobre 63 bancas, perderán las elecciones pese a haber levantado parcialmente al
país de la debacle financiera heredada por el gobierno que aplicó a rajatabla
la receta económica de Milton Friedman, el gurú de los “Chicago boys”.








