Grecia, seguida por España e Italia, amenazan con convertirse en
un salvavidas de plomo para Alemania.
El jolgorio de la banca alemana por las tajadas que sacó de los
países periféricos de la eurozona, ya sea fomentando un endeudamiento
irresponsable o cobrando los dividendos de la consecuente crisis, tocó
formalmente fondo esta semana, cuando la calificadora de riesgo Moody´s tildó
como negativa la posibilidad de que Berlín pueda mantener en el futuro la
máxima nota (AAA) de solvencia económica.
La agencia esgrimió los mismos argumentos con los que sancionó
en febrero a Francia, el otro gran tenedor de deuda helénica y de los países
más débiles de la eurozona: Atenas, pese a los draconianos planes de ajuste
fondomonetaristas, está a un paso de abandonar la moneda única que rige en 17
países del Viejo Continente.





